Le doy permiso a mi vieja de que siga jugando fútbol únicamente por que la ayuda a tener unas nalgotas y piernas bien sabrosas por el ejercicio.
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Le doy permiso a mi vieja de que siga jugando fútbol únicamente por que la ayuda a tener unas nalgotas y piernas bien sabrosas por el ejercicio.

Desde hace años que entreno con el equipo de fútsal (que, dicho sea de paso, también es el de fútbol) de la colonia, con el único objetivo de disfrutar de los deliciosos cuerpos morenos de los chavos mientras corren, ver cómo se quitan la camisa mientras sudan para no ensuciarla y ver sus abdominales bien formados, morbosearlos mientras juegan en los vestidores a agarrarse de los huevos o encularse al otro, sentir sus olores varoniles de machitos ejercitándose. Pero ya no pude aguantar ser sólo espectador y aposté con el capitán del equipo que si ganaban le daría una buena mamada… y afortunadamente el equipo no me defraudó.

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