Le temblaban las patas por miedo a que regresaran sus viejos, pero cuando la puse en cuatro se puso tan caliente la morra que volvió a temblar… pero de placer.
DESCARGAR VÍDEO
Le temblaban las patas por miedo a que regresaran sus viejos, pero cuando la puse en cuatro se puso tan caliente la morra que volvió a temblar… pero de placer.

Tan sólo de verla salir con su faldita de la escuela me ponía bien caliente y, cuando me enteré que ya era cancha reglamentaria, comencé a trabajar a la morra para que me diera su rica conchita que ya varios vatos me habían presumido que estaba bien rica. Pero luego de dos meses de estarla ligando… nada, nomás no aflojaba la morra. Así que un día simplemente fui por lo que quería, la puse bocarriba y le metí mano en su chocho caliente, que en chinga se mojó un buen, estaba empapada, se moría de ganas la morra pero sólo se había hecho lo difícil. Le di tan buena cogida, que ahora la tengo todos los días en mi puerta rogando por más reata.

Ver comentarios

Comentarios

The comments are closed

Embed