Mis carnales siguen sin conocer lo calenturienta y morbosa que puede ser mi morra y apostaron a que no cogíamos en un lugar público… ¡a pagar culeros!
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Mis carnales siguen sin conocer lo calenturienta y morbosa que puede ser mi morra y apostaron a que no cogíamos en un lugar público… ¡a pagar culeros!

¡No que no, pendejos! Si yo conozco a las morras a las que me cojo, es su pedo si no quisieron creerme cuando les dije que mi vieja no se agüita de exhibirse disfrutando la verga de la que es tan adicta. Apostaron mil doscientos pesos cada uno a que mi vieja se chiveaba y no se atrevía a exhibir su putería en la calle, pero se equivocaron. Es más, para ser sincero tengo la sensación de que a mi vieja le calentó aún más el peligro de que la vieran bien atravesada por mi chilote. Cuando se levantó del suelo ya había una mancha de sus jugos en el piso y la panocha le goteaba y el olor a sexo caliente invadía la zona.

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