Tenía miedo de perder la virginidad, pero cuando sintió la cabecita de mi verga abrirse paso entre sus patas se excitó tanto que ella solita se clavó toda mi estaca.
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Tenía miedo de perder la virginidad, pero cuando sintió la cabecita de mi verga abrirse paso entre sus patas se excitó tanto que ella solita se clavó toda mi estaca.

“Estoy demasiado estrecha” me preguntó. “Sí, pero eso es lo que más me prende, lo apretadito que tienes la panocha” le contesté. Se levantó y me miró con miedo “mejor no, me va a doler, la tienes muy gorda”. Estaba harto de estar esperando que ella se sintiera segura, ya me venía calentando los huevos desde hace meses y, aunque me hacía unas mamadas monumentales que me hacía empaparle la cara con mi leche, yo ya no aguantaba más las ganas de penetrarla. La agarré de las muñecas y empecé a untarle la verga en su entradita, ella decía “no, no, por favor, me va a doler”. Se la dejé ir hasta la mitad y gimió de dolor, pero no se la saqué y empecé a estrujar su pepita. Entonces empezó a gemir y a mover las caderas para, solita, terminar de matarse sola mientras sus gemidos de dolor pasaban a ser gemidos de placer.

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