Esta vendedora de Andrea no sólo se llevó mi lana en la cartera sino también mi leche entre las piernas.
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Esta vendedora de Andrea no sólo se llevó mi lana en la cartera sino también mi leche entre las piernas.

Las gorditas cachondonas como esta doña bien putona me prenden un chinguero y pues no podía dejar pasar la oportunidad de chingármela cuando la vieja vino solita a tentarme con sus nalgas cebosas y bien jugosas. Le solté, así al chile, que la neta sí podía comprarle algo para mi mujer pero que necesitaba que se portara bien conmigo para asegurarme de que podía confiar en ella, eso se lo dije mientras me agarraba mi chile tieso sobre el pantalón, para que se diera cuenta de lo duro que me tenía con ese tremendo culote. Ella dudó por un momento, pero acabó apretándome la verga como para decir que un trato es un trato y el negocio le parecía bien.

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