La vendedora de Avon estaba tan desesperada que aceptó que le metiera la reata a cambio de comprarle su mercancía.

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Estaba solo en la casa rascándome los huevos y viendo el fut aprovechando que mi esposa había ido a ver a sus padres a Cuernavaca cuando llegó esta gordita sabrosona a mi casa. Salí a ver y estaba roja de tanto caminar, pero me excitaba verla así, agitada, con la camisa mojada de sudor y que transparentaba sus pezones erectos. Me dijo que si estaba mi señora porque iba vendiendo Avon. Cuando le dije que no se puso a chillar porque estaba desesperada, que porque iba a perder toda su inversión. Aproveché el momento para hacerla pasar y decirle que favor con favor se paga, mientras sacaba un billete de doscientos y se lo metía suavemente por el chocho…


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