Pensé que la maestra me odiaba, pero en realidad se moría de ganas por sentir mi verga.
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Pensé que la maestra me odiaba, pero en realidad se moría de ganas por sentir mi verga.

Neta que si lo que le urgía era tragar verga y leche, la puta debió haberme puesto las nalgas en el pito en lugar de estarme rechingando en la escuela y jodiendo mis calificaciones nomás para llamar mi atención. Total que al final, ya harto de sus pendejadas, pasé a verla a su cubículo y ahí cambió radicalmente. Me habló con una voz suave y dulce mientras se acomodaba las tetas dentro de la blusa y me decía “¡al fin vienes! Mira, si quieres mejorar tu calificación entonces tendrás que ser bueno conmigo, si sabes lo que quiero decir…”. Estaba tan encabronado que la aventé contra la pared, le bajé el pantalón y se la dejé ir enterita mientras ella se esforzaba en no gritar muy fuerte para que no nos descubrieran.

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