Untándole el pico a mi morra en el patio de su cantón

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Descripción

Mi vieja y yo casi nunca tenemos la oportunidad de estar
solos para fajar sabroso y mucho menos se diga para coger como se debe, porque
mis suegros son bien controladores con mi chava y no la sueltan para nada. Pero
el otro día que andaba por ahí resultó que el don, el jefe de mi chava, llegó
medio borracho y ahora sí que “oliendo a perfume de otro hogar”, así que mi
suegra le armó un mega pancho que hasta salieron a gritarse a la calle. Mi
vieja, cansada de los pelitos de su jefe y con ganas de distraerse, me jaló
hacia el patio, se alzó la falda e hizo a un lado el calzón y me dijo “métemela
bien duro, que solo quiero escuchar tus gemidos y los míos”.